miércoles 25 de mayo de 2011

CONCHO PRIMO ELECTRONICO

Concho Primo en tiempos electrónicos
Mientras Concho Primo roncaba, pasaron horas desde el momento en que los medios electrónicos difundieron al mundo que Leonel Fernández ganaba las elecciones.
 
A los que no conocen al “personaje” cibaeño llamado “Concho Primo”, es bueno recordarles que el lenguaje popular, imponiéndose como la música en las calles y salones, al lenguaje  “recatado” de los grupos dominantes en el Cibao de aquellos tiempos, fue la mejor muestra de la evolución de una sociedad rural o muy rural, de montuna pa’arriba, cuando a la vida urbana de Santiago empezaron a llegar los aires del modernismo mundial.

Algunos historiadores locales, como el fajador y entusiasta Ramón Franco Fondeur, ya fallecido, sostenía que al personaje Concho Primo se llegó por el temor del cibaeño típico a pronunciar “malas palabras” frente a damas o caballeros de la sociedad urbana de entonces. Antes que pronunciar un coño, prefirieron la más suave expresión “¡Concho, primo”. El primo es el genérico sustituto del tío español.

Con el tiempo, el Concho ha caminado solo. Partiendo de Santiago, los autos de transporte urbano de pasajeros fueron bautizados como “carros de concho”, simplemente porque era (y es) del “coño” entrar y salir de los mismos. En la actualidad "Concho Primo" simboliza la nostalgia del pasado rural y no deja de representar cierta ignorancia ingenua.

Tanta perorata viene al caso, porque he disfrutado bastante el espectáculo dominicano en que, por suerte y alegría de todos, las elecciones terminaron como “una fiesta” de la democracia, para repetir una frase tan en moda ahora, pero que me sorprende.

Bien. ¿Y quién es Concho Primo en esta fiesta electoral? Primero, recordemos el espectáculo de la Junta Central Electoral con los” escáneres”. Una vez probando si funcionaban, otra vez exhibiéndolos cuando los transportaban, dando la sensación de ser parte de las tropas élites o  de cuerpos de asaltos del Army de los Estados Unidos. Parecían un “perfecto” cuerpo de rambos rastreando “cosas peligrosas”.

Así se veía Concho Primo, inflado, con lo mejor de la tecnología en las manos, que no creía en nadie, insuperable, asegurando el primer boletín para las 9:00 de la noche del día memorable, sin dudas, y ¡cuidado, carajo, con el que lo pongo en entredicho!

La hora comprometida llegó: 9:00 p.m., 10:00 p.m., 11:00 p.m. y ¡diablo! Concho Primo roncando.

Mientras Concho Primo roncaba, pasaron horas desde el momento en que los medios electrónicos difundieron al mundo que Leonel Fernández ganaba las elecciones, que solo habría una vuelta y que el presidente reelecto tendría de compañeros de hazaña a personajes como Buenaventura Báez (vaya ironía para Ramoncito Báez que se fue con el otro), a Trujillo y a Balaguer. Un panteón de dictadores. Claro, Leonel no lo es y la aclaración la hago mientras despertamos a Concho Primo.

Casi a la medianoche, cuando los gallos se disponían a cantar, apareció Concho Primo con el primer boletín, pero ya todos conocíamos al ganador. Lo más triste: Concho Primo vino con una muestra no discriminada, no representativa, del 10  por ciento de los votos. Desde entonces nadie hizo caso a Concho Primo ni  a sus boletines, los ganadores celebraban en una proclama que la tecnología y la revolución de las comunicaciones hizo posible.

Paralelamente, se veían otros efectos del conchoprimismo dominicano. Uno el de la televisión, donde todos los comentaristas sabían también lo que el país ya conocía, pero no se atrevieron a dar el paso, se autocensuraron dando un feo espectáculo, sobre todo porque se trata de personalidades prestigiosas, cuya responsabilidad y honestidad nadie ha puesto en dudas, jamás.

Era suficiente con decir que la agencia EFE localizó al vicepresidente de Penn & Schoen y obtuvo los resultados de la encuesta a boca de urna, que tal o tales diarios online recogían la información, que ya los ediciones digitales de decenas de diarios en el mundo aseguraban que Leonel Fernández había ganado, etc.

Claro, la tecnología moderna hace maravillas, pero no es suficiente tenerla, hay que prepararse para usarla de manera profesional, algo que Concho Primo nunca dio evidencias de poder hacerlo. Tanto es así que todavía, este domingo, el portal de la JCE, si usted intenta el acceso, manda la advertencia de “página saturada”.

Los “escáneres” no bastaron, faltaron otras tecnologías y sus operarios, desde los estadísticos y modeladores matemáticos hasta los anchos de banda necesarios para transmitir las informaciones, algo con lo que la empresa contratada nunca cumple. Y lo decimos con propiedad o como víctimas de esa empresa.

Félix Calvo